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Micrositio · Exposición fotográfica

Exposición fotográfica y prácticas restaurativas para la regulación del sistema nervioso en comparecientes ante la JEP desde el inconsciente óptico y la IA

Los cuerpos de quienes combatieron durante años en el conflicto armado colombiano guardan una memoria que ningún acuerdo de paz alcanza a legislar. Esa memoria no es narrativa; se porta: en los hombros que no bajan, en una respiración que no desciende del pecho, en una quietud que el organismo procesa como amenaza. La Jurisdicción Especial para la Paz exige verdad, reparación y no repetición; no le pregunta al sistema nervioso. Esta exposición sí.

Las obras nacen del Programa Educativo Híbrido de Medicina Mente Cuerpo para el Desarrollo de Capacidades Restaurativas (2025), creado por la Dra. Andrea Catalina Nassar Tobón con exmilitares que comparecen ante la JEP en el Macrocaso 03. Las fotografías de Carolina González León registran este proceso desde el salón; no lo ilustran, lo habitan.

Aquí, el concepto de inconsciente óptico de Walter Benjamin recibe una segunda capa a través de la inteligencia artificial. Un procedimiento de lectura automatizada traza sobre cada imagen ejes, campos y redes que la mirada comprensiva suele pasar por alto.

La IA no adorna: lee el tiempo y expone visualmente cómo una alerta biológica.

Cada una de las nueve fotografías se presenta en dos versiones: la tomada y la intervenida. Según el caso, la intervención se limita a observar un punto de contacto, trazar el eje vertebral de cada cuerpo, acompañar el ritmo de la respiración o unir las anatomías en una red. Los trazos no miden: señalan el lugar donde la mirada se detiene.

La práctica meditativa propuso a esos cuerpos el movimiento contrario a la lucha: la renuncia a la rigidez marcial y el abandono de la posición de combate para dejarse habitar

por la vulnerabilidad humana. Este es el umbral de la justicia restaurativa: un desarme corporal indispensable para deponer la justificación, sostener la mirada frente a las víctimas y entrelazarse activamente en la reparación del tejido social.

 

MD. Andrea Catalina Nassar Tobón, Médica, especialista en Neurología, Magister en Educación para la Salud, Magister en Neuroimágenes, Magister en Neuralteraoéutica, Candidata a Doctorado en Ciencias de la Educación, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, Colombia.

La exposición se realiza en el marco del III Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Prácticas Pedagógicas para la construcción de Paz de la Red Latinoamericana y Caribeña por el Diálogo Territorial y las Culturas de Paz (RELAC-PAZ)

Galería

El contacto sin amenaza

Fotografía: Carolina González León

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

Un hombre cierra los ojos mientras los dedos del guía le sostienen la nariz; a su derecha, otro participante espera con la mirada baja y los párpados quietos. Habitan el desaprendizaje del ethos bélico a través de una respiración guiada, un leve rito que les enseña a sentir el aire que entra y sale por las fosas nasales.

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

La lectura con IA coloca círculos concéntricos donde ocurre la acción —la nariz sostenida, la sien del participante que espera—y une las marcas con una línea punteada que cruza el espacio entre ambos cuerpos. Esas marcas localizan el punto donde se concentra la atención y permiten comprobar que el contacto del guía y la quietud del vecino ocurren en la misma habitación y a una distancia mínima. Desde la medicina mente cuerpo, la respiración dirigida es una de las puertas hacia la respuesta de relajación, el proceso fisiológico opuesto a la reacción de lucha o huida; una fotografía registra el comportamiento que la hace posible. Lo que la IA señala, es una condición de partida: el ser tocado sin que medie una amenaza.

Una misma vertical, otro mandato

Fotografía: Carolina González León

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

Cuatro hombres de rodillas, alineados frente a la pared, con las manos abiertas sobre los muslos y los ojos cerrados; al fondo, a la derecha, el guía se inclina hacia un cuarto participante, como quien custodia el nacimiento de un silencio nuevo. En esa quietud compartida, la respiración deja de ser un acto reflejo para convertirse en un pacto común: el lento desarmado de un cuerpo que, por fin, se atreve a soltar la guardia.

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

Sobre la fila, la IA traza una vertical por el centro de cada cuerpo, nodos concéntricos en la cabeza y el pecho, y una línea punteada que atraviesa a los tres en diagonal. Los nodos marcan el epicentro de la atención; el trazo punteado revela que tres cuerpos, sin tocarse, sostienen un solo campo. La literatura sobre meditación asocia la quietud habitada con la restauración profunda tras el estrés. La fotografía desvela así una postura de vigilancia transmutada en postura de ofrenda. Esa conversión —de eje de alerta a eje de reposo— es el núcleo que el programa educativo de medicina mente cuerpo para el desarrollo de capacidades restaurativas ensayo una y otra vez.

Espaldas que se dejan ver

Fotografía: Carolina González León

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

Dos hombres sentados con las piernas cruzadas, de espaldas a la cámara, frente a una pantalla donde brilla un mandala; al fondo, sentado junto a la ventana, el guía conduce la práctica. Dar la espalda es, para quien aprendió a cuidarse de lo que no ve, una renuncia mayor de lo que parece. En ese gesto radica la aceptación de la vulnerabilidad del propio cuerpo. Quien da la espalda al mundo exterior para mirar hacia el mandala está sepultando las armas del miedo y ensayando la confianza como su nueva postura ante la vida.

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

La IA marca una vertical sobre la columna de cada uno, un nodo en la cabeza y una línea punteada que sale de ambos y cruza la sala. Esas líneas de atención muestran hacia dónde apunta el cuerpo entero: una espalda ofrecida, sin vigilancia. En este plano, despojados de la necesidad de cubrirse la retaguardia, los hombres entregan su postura al descanso. La línea de la IA grafica el vector de una quietud recuperada: la geometría exacta de un cuerpo que ha decidido deponer las armas del miedo.

La mano que escucha

Fotografía: Carolina González León

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

Un hombre, sentado con las piernas cruzadas sobre un cojín, apoya la mano izquierda en el abdomen y deja la derecha sobre la rodilla; tiene los ojos cerrados y la boca en reposo. En una sala sin amenazas, ese gesto cumple el rito silencioso del retorno. Al posar la palma sobre el abdomen, el cuerpo abandona la tensión del escudo y se vuelve receptivo al propio aire. Ya no hay armas que empuñar ni distancias que vigilar: la mano derecha descansa en la rodilla como un soldado que ha dejado su puesto, aceptando que la única batalla pendiente es la conquista de su propia paz.

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

Los círculos concéntricos nacen donde descansa la mano y se abren hacia afuera como ondas sobre agua quieta; una línea verde ondula a la altura del diafragma, y una vertical une la cabeza, el pecho y el cojín. Esa onda marca el lugar donde la atención se quedó. La medicina mente cuerpo sostiene que respirar con atención es una de las vías para activar la respuesta de relajación, opuesta a la de lucha o huida, y que su práctica repetida puede ayudar a reducir las consecuencias nocivas del estrés crónico. Lo que estas líneas de análisis revelan es la arquitectura de un regreso a casa. Al estabilizar la vertical entre la cabeza y el cojín, el cuerpo deja de funcionar como una máquina de supervivencia; el vaivén del pecho, se convierte en el compás sagrado de una calma recuperada.

Alguien se inclina, alguien permanece

Fotografía: Carolina González León

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

Un participante, sentado con las manos sobre las rodillas y los ojos cerrados, recibe la inclinación del guía, que se dobla desde la cintura hacia él con las manos apoyadas en los muslos; al fondo, otro hombre descansa contra la pared. En la quietud de la sala, los cuerpos desaprenden el reflejo de la sospecha; la inclinación del guía custodia la respiración del otro, convirtiendo el espacio en un territorio libre de combate.

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

La IA dibuja una onda verde a la altura del abdomen del partici-pante, círculos concéntricos en su pecho y en la cabeza del guía, y una línea vertical sobre el cuerpo inmóvil. La onda indica una res-piración que sigue su curso sin ser interrumpida por la presencia del otro; los círculos en la cabeza del guía señalan una vigilancia puesta en pausa por unos segundos frente a un cuerpo que pudo ser una amenaza.

Manos que no sujetan nada

Fotografía: Carolina González León

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

Dos hombres tendidos boca arriba ocupan el encuadre; sobre el-los, el guía, arrodillado, se inclina a observar. En la imagen apare-cen tres manos de participantes y las tres están abiertas, con la palma hacia arriba. En un cuerpo que fue entrenado para portar armas, la mano es la parte más disciplinada; abierta hacia el techo, no sujeta, no apunta, no protege: es la entrega absoluta de la guardia, un puño que se rinde a la intemperie y se vacía de toda violencia.

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

Los nodos de la IA caen sobre las palmas y sobre el torso del hombre en primer plano; una onda verde cruza su pecho y una diagonal fina recorre su cuerpo. La diagonal muestra que el eje dejó de ser la vertical y se volvió horizontal; los nodos en las palmas indican un nuevo aprendizaje: la tregua grabada en la piel. Esos puntos lumínicos sobre las palmas ya no mapean la tensión de un gatillo; cartografían el nacimiento de una confianza, el paso de un cuerpo que abdica de su propia guardia.

El peso a la tierra

Fotografía: Carolina González León

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

Varios hombres tendidos en el piso de una sala; en primer plano, uno con las rodillas levantadas y los pies apoyados, la mirada vuelta hacia el techo; detrás, otros con las piernas elevadas contra la pared; al fondo, el guía observa de pie. Posturas que invierten la vieja física del combate: las piernas que antes marcharon en guardia ahora descansan indefensas en el muro, trocando el imperativo de la huida por la soberanía del reposo.

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

La IA reparte nodos sobre varios cuerpos tendidos y los une con líneas punteadas que cruzan la sala y con diagonales finas que siguen la dirección de las piernas. Lo que esas líneas ofrecen es una lectura de conjunto: no hay un cuerpo tenso rodeado de cuerpos relajados; hay una colección de cuerpos que adoptan, cada uno a su manera, la misma entrega. El mapa técnico revela que la calma ha dejado de ser un logro individual para transformarse en una atmósfera compartida, una red invisible de cuerpos desarmados.

Cuatro cuerpos, un mismo suelo

Fotografía: Carolina González León

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

Una hilera de cuerpos tendidos; en primer plano, un hombre mira al techo con la cabeza apoyada en un cojín; detrás, otro eleva las piernas y se sostiene la cintura con las manos; más atrás, otros dos con las piernas contra la pared. La hilera ocupa el encuadre en diagonal, de la cabeza más cercana a la más lejana, y esa diagonal no es de jerarquía. Es la abolición del rango militar a favor de una línea común: una sucesión de hombres despojados del mando que se rinden, iguales y dóciles, al mismo aire.

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

La IA pone nodos en las cabezas de la hilera y una línea fina que une la cabeza del hombre más cercano con las de los demás, como un hilo que atraviesa la fila de punta a punta. El hilo sugiere que la atención de la hilera tiene una sola dirección. Con las piernas arriba, el hombre del centro invierte el sentido habitual del cuerpo: lo que estaba abajo sube, lo que estaba arriba queda a ras del piso. Es la deconstrucción exacta de la postura del centinela: al sembrar la cabeza en la tierra y elevar los pies, el cuerpo renuncia a la gravedad de la marcha marcial para entregarse a una verticalidad mansa e inofensiva.

Sostenerse para soltar

Fotografía: Carolina González León

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

FOTOGRAFÍA ORIGINAL

Un hombre con las piernas elevadas se sostiene la cintura con ambas manos, el cuerpo apoyado en los hombros y la nuca, los ojos cerrados; a su espalda, otro descansa boca arriba con las piernas contra una pared. Posturas que suspenden las viejas leyes de la defensa: al volcar el peso sobre los hombros y entregar la nuca desprotegida a la tierra, el cuerpo deconstruye su instinto de combate para inaugurar una geografía de paz.

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

FOTOGRAFÍA INTERVENIDA CON IA

La IA traza una diagonal larga desde los pies hasta la cintura del hombre, nodos sobre su cabeza y su cadera, y una línea que une los nodos. Esa geometría lineal desvela el final de la resistencia muscular. La diagonal y los puntos amarrados son el registro digital de un desarme íntimo, el instante exacto en que la espina dorsal renuncia a su función de trinchera.

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